Crítica de 15 años y un día

El abuelo tiene un plan: la terapia familiar 

15-anos-y-un-dia_1Nos encontramos ante la gran triunfadora de la pasada edición del Festival de Cine español de Málaga 2013, donde cosechó los premios, ahí es nada, a mejor película, mejor guión, mejor música y Premio de la Crítica.

Tanto el jurado como el periodismo acreditado quedaron entusiasmados con una propuesta melodramática marca de la casa de su directora, la madrileña Gracia Querejeta, en la que se relata un forzoso reencuentro abuelo-nieto que pone al descubierto emociones y algunos secretos familiares.

Con un plantel de actores intergeneracional, en el que destacan sobremanera la presencia de dos grandes de nuestro cine, Maribel Verdú (recientemente ganadora del Goya a la mejor actriz por la multivalorada Blancanieves de Pablo Berger) y Tito Valverde (en su primera aparición en pantalla desde su archiconocido papel de comisario en la exitosa serie de mismo título), la película intenta ahondar en las siempre espinosas relaciones paterno-filiares, esas en las que los mayores no entienden las actitudes de los menores y viceversa.

Aquí la trama se centra en un retoño bastante díscolo, que ante su falta de control, que le lleva a cometer alguna que otra fechoría y la cantidad de problemas que está produciendo a su sufrida madre pasa un tiempo con su abuelo, un huraño y dictatorial ex militar que estuvo destinado en la guerra de Bosnia, quien no se andará con chiquitas e intentará reconducir al buen camino al desmandado mequetrefe a base de disciplina y una buena dosis de lecciones de calado moral.

Esta relación “puer-senex” (niño-viejo) en la que el sabio experimentado intenta ilustrar al adolescente impetuoso sobre las verdades del barquero centra buena parte de un metraje que pierde parte de su intensidad en el momento en el que el personaje de la madre, interpretado de manera soberbia por una Maribel Verdú que engrandece todo lo que toca, desaparece de la pantalla. El film comienza con la misma Maribel enfrentándose sin rubor a la cámara, en una prueba de casting de la que no saldrá muy bien parada. Tan sólo cinco minutos y la actriz ya ha engatusado al respetable con su variedad de registros y su simpatía fuera de toda duda.

La cámara adora a Maribel y viceversa, y es una pena que su rol a lo largo de la trama se vaya diluyendo y aparezca y desaparezca de la historia en varias ocasiones. Precisamente la parte más floja del film, aquella en la que se nos explica una intriga criminal juvenil (por lo visto, muy del gusto del público malagueño, pues el año pasado también ganó una película de chavales con asesinato por medio como fue Los niños salvajes, de Patricia Ferreira) en la que se ve involucrado su hijo y unos amiguetes de baja estofa que se ha echado en el pueblo, no cuenta con ninguna secuencia protagonizada por la Verdú.

Sin embargo en el tramo final ella vuelve a hacer acto de presencia y el conflicto emocional estalla en mil pedazos, con un continuo disfrute de la réplica-contraréplica entre unos personajes que va ganando enteros a medida que nos acercamos a la conclusión.

En el haber de la propuesta vale la pena resaltar una muy buena dirección de actores, punteada por la presencia de unas secundarias de peso como Belén López (a quien veremos próximamente en Ismael, de Marcelo Piñeyro) en la piel de una policía desencantada de la vida al haber sido separada de su hijo, y Susi Sánchez (quien todavía tiene en cartelLa fotógrafa, de Fernando Baños Fidalgo), quien da vida a la abuela del clan, una mujer corajuda y sentenciosa que, sin embargo, también ha tenido que sufrir los avatares emocionales de una relación rota.

Sin embargo, hay que reprocharle al conjunto cierta morosidad manifiesta a la hora de la puesta en escena de todo el conflicto existente. El guión se convierte en el vademécum máximo por el que giran todos los demás elementos, tanto técnicos como artísticos, y eso al fin resulta un lastre para un relato que se queda a medio camino entre la crónica social y el drama familiar.

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Parece que los actores (sobre todo en el caso de los más jóvenes) están dirigidos de una forma tan férrea que se ha ahogado cualquier atisbo de improvisación, lo que resta credibilidad a sus interpretaciones. Sus discursos quedan así un tanto deslavazados, y sus escenas compartidas, que deberían de ser las que más fuerza destilaran, se quedan en las más pobres y prescindibles (como todo lo que acontece en la playa por la noche, y que aquí no desvelaremos).

La estructura narrativa es demasiado lineal, sin espacio alguno para la sorpresa. El buenrrollismo que se desprende de todos los personajes (incluso del más malvado se llega a decir “era un chulo, pero me caía bien”) y las ganas de convencernos de que hasta el más duro puede tener un corazón de oro edulcoran en demasía una trama que hubiera necesitado un poco de más mala uva.

Pero la realizadora gusta de reincidir en el eterno tema de la familia y sus disputas dando vueltas y revueltas (títulos suyos anteriores como Héctor, Cuando vuelvas a mi lado Siete mesas de billar francés así lo avalan). Se echa en falta mayor arrojo en su forma de rodar para afrontar nuevos retos y caminos inescrutados en su filmografía. Nos gustaría poder decir aquello que de casta le viene al galgo, pues su padre, el magnífico productor y guionista Elías Querejeta, sí que nos llegó a regalar algunos libretos de una profundidad y compromiso estimables (Asesinato en febrero, La espalda del mundo…).

Este es el primer trabajo de Gracia en el que su padre no ha ejercido labores de producción, y si a eso le sumamos el hecho de que en los últimos tiempos ella se ha movido más por el medio televisivo, dirigiendo algunos capítulos sueltos de series tan conocidas como Hospital Central o Cuéntame, ya tenemos dos razones claras por las que notamos cierta enjundia en algunos elementos puramente  cinematográficos. Hay algún fundido a rojo original en las escenas que tienen que ver con el crimen cometido; algún momento inspirado en el que paisaje y personaje se ensamblan de manera acertada, y poquito más que echarse a la boca.

Pero bueno, tampoco vamos a criticar en demasía a una obra sincera y limpia, una película que quiere ser honrada y que apunta directamente a los sentimientos, que para los tiempos que corren en nuestro cadavérico cine, ya es mucho.

Escribe Francisco Nieto

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